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Leyenda del ‘Arca del Moro’

Cuenta la tradición que, allá por el siglo XVI, había un capitán, oriundo de Villamañán, muy devoto de la Virgen del Camino, que había sido apresado por los moros. El moro que le tenía cautivo le encerraba todas las noches en un arca, la cual ataba con cadenas y sobre la que se echaba él mismo a dormir, por temor a que se escapase. Y, cada noche, se dirigía a él y le decía:

– Moro: “Reniega, cristiano”

– Cristiano: “Permita Dios que ésta noche llueva y mañana haga sol para que se sequen los panes de mi tierra”

– M: “Ya reniega el cristianico, ya reniega”

Y una de ésas noches, estando echado sobre el arca notó que se movía y oyó el sonido de unas campanas.

– M: “Oyes, cristianico, ¿en tu tierra hay cencerras?”

– C: Campanitas y buenas

– M: Pues sal de ahí, que ya estamos en ella

La gente del pueblo, al oír las campanas y no saber lo que sucedía, se asustaron mucho, pensando si habría fuego y se fueron a avisar al cura, el cual quedó igualmente sorprendido, ya que la iglesia estaba cerrada con llave, la cual él tenía en su poder, y no podía entrar nadie. De modo que todos se dirigieron a la iglesia, precedidos por el sacerdote. Y cuál no sería su sorpresa al encontrar en su interior al moro y al cristiano sentados en el arca, que la Virgen había traído por milagro.

El moro se convirtió al cristianismo y el arca y la cadena se conservaron en el interior del Santuario antiguo, en el cual estuvieron expuestas a la devoción de los fieles, teniendo el arca que ser forrada de cinc, debido a que los devotos arrancaban astillas de ella para conservarlas como reliquias, pues se decía que curaban el dolor de muelas. Hoy día puede verse en el nuevo Santuario, en la sala situada a la izquierda de la imagen de la Virgen, la conocida Sala de Exvotos.